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¿Jugamos a la peonza?

“La vida, como la peonza: cuanto mejor mantenga el equilibrio más tiempo permanecerá girando”

A los niños les gusta jugar con peonzas porque les divierte y despierta su fantasía.

Además de entretenidas, ocupan poco espacio, no necesitan batería ni cargador, son baratas, se pueden personalizar y las de madera son muy duraderas. No es solo un juego que atrae a los niños, los mayores también las disfrutan. Su manejo no requiere mucha habilidad, cualquiera es capaz de dominarlas poniendo un poco de interés y algo de práctica.

Para hacer bailar la peonza se enrolla la cuerda alrededor, se lanza enérgicamente contra el suelo y se desenrolla de un certero tirón para hacerla girar sobre su punta. Hay muchos trucos y maniobras espectaculares como mantenerlas sobre la palma de la mano, deslizarlas por la cuerda de un lado a otro, o lanzarlas al aire y recogerlas con la cuerda o con la mano. Las posibilidades del malabarista que da rienda suelta a su creatividad son infinitas.

También se pueden hacer competiciones en las que gana el jugador cuya peonza permanece más tiempo girando o el que consigue mantenerla dentro de un circulo mientras otras peonzas tratan de expulsarla impactando contra ella.

Las peonzas han sido y son el juego tradicional preferido en muchas culturas como la japonesa, china, americana, española.

Su origen no está claro pero se tiene conocimiento de su existencia desde el año 4000 a. C ya que se han encontrado ejemplares de arcilla en las orillas del río Éufrates. También hay algunas pinturas antiguas donde se encuentran representadas, así como en algunos textos literarios de vieja data como los del historiador romano Marco Porcio Catón. Otras referencias también se encuentran en escritos de Virgilio que datan del siglo I a. C, entre los que destaca su obra La Eneida.

 

Os dejo una adivinanza

Para bailar me ponen la capa

para bailar me la han de quitar

que con capa bailar yo no puedo

y sin capa no puedo bailar